Cómo va a ser el futuro Pasaporte Digital de Producto (II) Datos: ¿ajustados, equilibrados y proporcionados?

En nuestro primer artículo sobre el Pasaporte Digital, hacíamos referencia al estudio en curso del Joint Research Centre (JRC, por sus siglas en inglés) para la Comisión Europea sobre el contenido de este pasaporte aplicado a las prendas de vestir textiles, sometido a consulta previa hasta el 10 de julio.

Recordemos, muy brevemente, que la principal innovación del pasaporte digital no es que descanse en bases digitales, sino que debe armonizar criterios, estructura e información para cada categoría de productos que se regulen. Así como establezca diferentes derechos de acceso público, interés legítimo y para las autoridades.

Alcanzar sus objetivos dependerá de la disponibilidad de información confiable, interoperable y, por supuesto, bien definida y que pueda ser entendida y, a la vez, usada por sus diferentes actores con un lenguaje común. Lo que no es fácil, como le hemos sugerido al JRC a través de nuestras aportaciones. Así pues, modelos que desde un punto de vista teórico resultan excelentes, cuando se confrontan con las prácticas de un sector requieren ser evaluados muy cuidadosamente y, en su caso, implantados todavía más prudentemente.

Por ejemplo, si avanzamos con la información para identificar producto y productor (entendido por quién pone en el mercado dicho producto bajo su marca), podemos tratar de identificar cada producto de forma individual (con un coste tremendo para las empresas sin beneficio aparente), ver si es posible hacerlo por su lote (pero, sin embargo, resulta que este concepto de lote no está en absoluto homogenizado en cadenas textiles largas, fragmentadas y distribuidas geográficamente) o hacerlo por su modelo (al menos en esta primera etapa). O bien podemos simplemente sugerir que cada compañía lo haga de una forma flexible acorde con sus intereses.

Pero, además, debemos considerar la utilidad de la información que el pasaporte contenga. Un ejemplo lo encontraríamos en la información sobre parámetros del producto exigibles. Pues, cuantos más datos incorporemos más costes en gestión. Si recopilar datos – que, fundamentalmente en PYMES con gran conocimiento textil pero poca práctica organizativa, pueden encontrarse en silos poco organizados o estructurados – va a ser un reto de enorme calado, que los digitalicen tampoco les va a resultar gratis. Y mucho menos si, además, tenemos en cuenta los costes de almacenar, gestionar y cuidar toda esa información durante varios años. Corremos el riesgo de que muchas pequeñas empresas europeas no puedan acceder a sus mercados por no poder actualizarse organizativa, estructural y digitalmente.

De ahí que el número de campos que contenga el pasaporte para prendas de vestir debería ser lo más ajustadoequilibrado y proporcionado posible y, en su caso, ir ampliándolo progresivamente. ¿Tiene, por ejemplo, sentido que se almacenen los datos sobre robustez de la prenda para segunda mano cuando, evidentemente, la prenda habrá experimentado cambios significativos? ¿Tiene, por ejemplo, sentido mantener durante años los datos sobre composición de la prenda para el reciclador si, el identificador físico del pasaporte (QR, RFID, etc.), se une a una etiqueta que corta un buen número de usuarios tras adquirirla?

Si se incluye su categoría respecto a huella ambiental (o carbono) o el contenido de material reciclado en porcentaje, ¿por qué incluirlos también en valor absoluto e, incluso, sus parámetros de cálculo? ¿No es lógico que, si la autoridad competente quiere profundizar en esa categorización, le solicite al productor esos parámetros, así como método de cálculo, por ejemplo, para su control ex post, pues las aduanas sólo verificarán que existe pasaporte y que sus datos están organizados de acuerdo con la norma, pero no verificarán en ese momento su veracidad?

Incluso en este punto podemos reflexionar sobre si incluir en el pasaporte de forma general información que, sin embargo, debería ser útil para propósitos específicos  como la compra pública ecológica – para la que el Observatorio considera que debe compararse la huella ambiental (o carbono) del producto o, por ejemplo, priorizarse el reciclado de posconsumo europeo – o la ecomodulación de los SCRAP – que, si bien será probablemente decisión de cada SCRAP, sería lógico que éste modulara en función de si la prenda incorpora reciclado de sus residuos posconsumo. Pues esa información puede ser exigida directamente por estas entidades.

Una tercera reflexión tiene que ver con el nivel de acceso (público, interés legítimo o para las autoridades) a la información que se incluya finalmente en el pasaporte. ¿Tiene, por ejemplo, sentido que los consumidores accedan a los resultados de los ensayos de robustez (durabilidad) de la prenda más allá del propio SCORE (nivel de puntuación) que la identifica a efectos comparativos?

En definitiva, el pasaporte digital del producto debería constituir una herramienta no sólo regulatoria sino competitiva. Y su éxito, no dependerá necesariamente del número de datos exigidos, sino de una arquitectura inteligente, de una granularidad adecuada -y, tal vez, flexible- y de su correcta gobernanza, validación y adopción a lo largo de la cadena de valor. Así pues, sugerimos que, su introducción en prendas de vestir siga, al menos, los siguientes criterios:

A) Debería ser proporcionada a sus objetivos, equilibrada en costes – especialmente para las PYMES – y ajustada – aunque se vaya ampliando progresivamente,

B) La validez de sus datos – excepto donde la normativa diga lo contrario – basarse en autodeclaraciones para evitar nuevos costes – de nuevo fundamentalmente a las PYMES europeas que suelen atender múltiples modelos con bajo volumen – y la propiedad intelectual (conocimiento) salvaguardada –tremendamente importante para, por ejemplo, los acabadores europeos,

C) Si bien las aduanas van a ampliar la trazabilidad de los productos importados, el éxito del pasaporte recaerá, también, en que se refuercen los controles ex post sobre los productos y datos incluidos,

D) El pasaporte debería, a su vez, simplificar el cumplimiento normativo sin crear nuevas capas de reporte, documentación e infraestructuras digitales que no aporten beneficios en el corto, medio y largo plazo – por ejemplo, con el ecodiseño progresivo asociado a datos – y,

E) las administraciones públicas deberían incentivar la elevación de los niveles medios de digitalización de las empresas del textil y calzado -especialmente de las PYMES – para evitar que corran riesgo de quedar sin acceso a sus mercados.

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