Con este trabajo, impulsado por los Ministerios de Economía y de Transición Ecológica, se pretende identificar los principales impulsores de financiación sostenible, tanto desde la oferta como desde la demanda, así como sus retos, barreras y oportunidades principales e, incluso, las necesidades cuantitativas de financiación de algunas industrias específicas. Algunas cuestiones que se pueden avanzar:
Los principales impulsores de financiación sostenible que se vienen identificando para el sector textil y de la moda son:
- La competitividad y resiliencia —pues una parte relevante de la demanda de financiación está asociada a la innovación, al refuerzo de la competitividad y a la resiliencia del tejido productivo, con el objetivo de compatibilizar la transición sostenible con la viabilidad económica y la adaptación a un entorno competitivo global— y de modernización productiva e innovación, por la necesidad de modernizar los procesos productivos, optimizar recursos, energía y agua y desarrollar soluciones de digitalización, trazabilidad, ecodiseño y gestión del posconsumo.
- El marco regulatorio —asociado al ecodiseño, la trazabilidad y los residuos posconsumo— y la evolución de la demanda, marcada por la creciente exigencia de productos con mejores credenciales ambientales y mayor transparencia, en parte influida por las expectativas de los mercados financieros y de los inversores.
Las necesidades de inversión asociadas a la transición sostenible de la industria textil podrían situarse por encima de los 3.000 millones de euros hasta 2030. Estas inversiones se vincularían principalmente a la circularidad, la adaptación regulatoria, la eficiencia en recursos, energía y agua y la modernización; así como presentarían una elevada heterogeneidad, combinando inversiones intensivas en CAPEX —por ejemplo, en la industria de cabecera, en confección automatizada e infraestructuras de clasificación, tratamiento y reciclaje de residuos— con el incremento del OPEX asociado al cumplimiento normativo, las certificaciones, la trazabilidad, el ecodiseño y la formación.
Y, sin embargo, se identifican importantes barreras para ello:
- Unas cadenas de valor fragmentadas que dificultan la estructuración de operaciones de financiación de amplia escala, aumentan los costes de evaluación para los financiadores y las hacen menos atractivas para los mercados financieros.
- La actual percepción del “riesgo-sector”, derivada de su alta exposición a la volatilidad de la demanda, las incertidumbres regulatorias actuales, los riesgos de gobernanza, ambientales y sociales y una presión competitiva global desde ecosistemas altamente eficientes.
- La desalineación entre exigencias regulatorias —y, especialmente, en materias de ecodiseño, circularidad y trazabilidad— y la actual capacidad industrial europea, que podría generar cuellos de botella en sus cadenas circulares.
- Los determinados criterios en la prefinanciación pública de sus proyectos que limitan el acceso a esta financiación, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas.
Mientras que, en contraposición a estas barreras, algunas de las futuras oportunidades avanzadas por el Observatorio son:
Una mayor colaboración en el seno de las cadenas de valor con relaciones a largo plazo —como mecanismo habilitador para reducir incertidumbres, acotar riesgos percibidos y movilizar inversiones—, la compra pública ecológica, innovadora y estratégica —para poder escalar en las operaciones de inversión tecnológica, productiva, sostenible y circular—, los créditos concesionales en condiciones preferenciales para los proyectos vinculados a la sostenibilidad, el establecimiento de garantías de entidades públicas para facilitar el acceso a esos préstamos o también los contratos energéticos a largo plazo, orientados a reducir la exposición a la volatilidad de los precios energéticos internacionales.
En definitiva, las necesidades de inversión identificadas hasta ahora se concentran en ámbitos como la eficiencia de los recursos, energía y agua; la innovación en procesos, productos y mercados; los avances en IA, digitalización y robotización inteligentes para generar ecosistemas; y el desarrollo de las capacidades asociadas a la gestión del residuo textil posconsumo, su reciclaje y la sustitución de materias primas en la industria. Y su canalización efectiva dependerá, entre otros factores, de la capacidad de adaptar los instrumentos financieros existentes a las características del tejido empresarial y de la articulación de mecanismos que contribuyan a reducir incertidumbres, acotar riesgos percibidos y movilizar inversiones para su transformación verde y digital.